
viernes, 15 de agosto de 2008
La memoria olvidada del salitre

Aparte de recomendar el libro, les quiero comentar algunas cosas que fueron de mi impresión, como por ejemplo que algunos lideres nortinos en esos tiempos (1930) hablaran de que se tenían que buscar alternativas al salitre para generar riquezas al país, porque de lo contrario el mineral se acabaría o se buscaría una solución alternativa y el país quedaría sin su principal fuente de riqueza. No es acaso lo mismo que tememos muchos que pase con el Cobre, de echo se lo escuche al dirigente del cobre, cuando decía que el yacimiento en el que trabaja él, las reservas quedan solo para 40 anos mas, que al no cobrar Royalty estamos hipotecando el futuro del país. Se lo he escuchado también al Senador Fernando Flores, cuando dice que Chile no podrá seguir siendo el eterno exportador de materias primas.La historia es cíclica, debemos aprender de las crisis del pasado, poner ojo en nuevas oportunidades que Chile no esta viendo, debemos comprender mejor como opera el mundo, y por sobre todo hacernos seriamente la pregunta de ¿Que juego juega Chile en el juego mundial? Una pregunta no apta para juegos y que merece el estudio de un proyecto nación para generar nuevas riquezas y en donde sin duda nadie tendrá las respuestas inmediatas.
La guerra del salitre
Chancadoras de salitre: que provocaron muchas víctimas entre los obreros salitreros, debido al alto nivel de riesgo en sus operaciones, como se advierte en la imagen
La industria salitrera se desarrolló en el desierto de Atacama, al sur de Arica y al norte de Copiapó. La imágenes corresponde a una oficina o factoría donde se industrializaba el salitre, separando el nitrato de la capa calichera, originada por el sedimento marino, formado hace millones de años, cuando aquella tierra estuvo cubierta por el mar.
El descubrimiento de rica veta platífera en Caracoles, en el entonces litoral boliviano, determinó que muchos exploradores, cateadores y aventureros, se desplazaran mas al norte de Copiapó, por el desierto de Atacama, hasta mas allá del Trópico de Capricornio, en busca de riquezas. Cuenta Vicuña Mackenna (1) que, en el estío de 1865, José Santos Ossa y su hijo Alfredo, se internaron hacia el interior de la bahía en la cual hoy está enclavada la ciudad de Antofagasta, llegando a un vasto salar, es decir, una laguna desecada, cubierta de ásperas cristalizaciones de sal común, en estado casi puro y primitivo: simples charcos que el mar al retirarse dejó en ciertas hondonadas del vasto desierto. Fue Alfredo quien desenterró la primera costra de legítimo y subido caliche, en un crestón del salar que luego sería llamado del Carmen.
Los Ossa, socios de una compañía de cateadores – la Compañía Exploradora del Desierto – recibieron de parte del gobierno boliviano de Melgarejo, los derechos de elaboración y exportación de todo el salitre o nitrato de sodio, que se encontrara en el litoral de ese país, que se extendía entre la Cordillera de Los Andes y el Océano Pacífico. En el intertanto, inmediatamente al norte, en la provincia peruana de Tarapacá, algunas compañías, en que los habilitadores chilenos jugaban un papel muy importante, comenzaban a explotar ese mismo producto.
Se formó una compañía explotadora del Salar del Carmen, de capitales chilenos e ingleses, la Melbourne Clark y Cía, en la cual fueron socios los Ossa, Francisco Puelma, Agustín Edwards y la firma inglesa Gibbs y Cía. Fue esta empresa, la base de la posterior Compañía de Salitres y del Ferrocarril de Antofagasta, la que entrará en conflictos con el gobierno boliviano, presidido ahora por el dictador Hilarión Daza, que, el 11 de enero de 1879, dictó la orden de embargo de los bienes de esa empresa, y la detención del gerente y representante de ella, el inglés George Hicks.
Chile, que sentía los efectos de la depresión, que a fines de los años setenta afectó a los mercados europeos, previó que el salitre podía ser la tabla de salvación para sus empresarios. Por entonces, el litoral boliviano, que se extendía al oeste de la Cordillera de Los Andes, era un campo de actividad de varios miles de chilenos, que, en una cantidad no menos significativa, también se desparramaban por la peruana Tarapacá. Bajo la presencia de las actividades mineras de capitales chilenos, había nacido Antofagasta, junto a la bahía de La Chimba, cuya población en 1879, estaba compuesta por 6.554 chilenos, 1.226 bolivianos y 827 habitantes de otras nacionalidades. En Caracoles, en tanto, vivían mas de 10.000 chilenos.
Anteponiendo a la orden de embargo, decretada por Daza, la presencia de dos barcos de guerra chilenos en el puerto de Antofagasta. La continuidad de la decisión boliviana, produjo de inmediato el desembarco de tropas chilenas, al mando del coronel Sotomayor, el 14 de febrero de 1879, y la subsiguiente ocupación de Caracoles y Calama. Estas acciones militares, precipitaron la declaración de guerra entre ambos países y el involucramiento de Perú, que, en 1875, había ya expropiado las salitreras de Tarapacá, afectando inversiones chilenas e inglesas.
Se desencadenó el conflicto armado, entre la alianza peruano-boliviana, cuyas primeras operaciones tuvieron como escenario el mar, para luego trasladarse a la provincia de Tarapacá. Las derrotas militares de la alianza, en ese desértico escenario, provocaron la marginación de Bolivia, y la campaña final de las fuerzas chilenas, que culminó con la caída de Lima, en enero de 1881. Las escaramuzas entre las fuerzas de ocupación chilenas y montoneros peruanos, continuaron en la sierra, hasta la derrota de éstos últimos en Huamachuco, lo que determinó la celebración del tratado de Ancón, en 1883, que puso fin al conflicto, y la pérdida de la provincia de Tarapacá por parte de Perú. Un posterior tratado con Bolivia, determinó igual suerte para los territorios de ese país al occidente de Los Andes.
Segall (2) plantea que, en el fondo, se dio una lucha entre países con sistemas económicos diferentes: los ejércitos chilenos, respondían a una condición propia de un país con formación capitalista, es decir, con muchas características similares a los ejércitos europeos; mientras los ejércitos peruanos y bolivianos era de raigambre típicamente terrateniente, donde las tropas eran reclutadas por la fuerza. Segall sostiene que la llamada Guerra del Pacífico, marca la cúspide del auge del capital mercantil minero de Chile, y la conquista de los territorios de Tarapacá y Antofagasta constituyó la consolidación de las inversiones chilenas.
La conquista de los territorios calicheros, permitió que el nitrato de sodio supeditara en importancia a todas las demás fuentes productivas chilenas, incluso de carácter mineras, las que perdieron su ritmo de crecimiento. Tanto el cobre como la producción agropecuaria, tuvieron una significativa decadencia, y en adelante, la renta fiscal dependió casi exclusivamente del salitre. La incidencia del salitre en el presupuesto fiscal chileno, subió de un 5,2% (1880) a un 33,7% (1885), y luego, a un 52% (1890). En una etapa inicial, la inversión y los capitalistas que predominaron fueron eminentemente chilenos, y muchos de los ingleses involucrados actuaron con créditos de la banca chilena.
Sin embargo, pocos años después, la situación cambiaría. Ello tuvo su raíz, en la expropiación de las salitreras de Tarapacá, efectuadas por el gobierno peruano, en 1875, las que fueron pagadas con bonos o certificados. Al estallar la guerra, los empresarios peruanos y chilenos prefirieron venderlos a cualquier precio. La gran mayoría de esos certificados fueron adquiridos por ingleses, que contrataron créditos en bancos chilenos. Derrotado Perú, el gobierno chileno dispuso la devolución de esas salitreras a quienes poseyeran los certificados peruanos, los que debían ser depositados en las arcas fiscales chilenas.
Entre éstos propietarios de bonos y certificados sobresalió el inglés James Thomas North, un calderero mecánico, llegado a Chile en 1866, que se convirtió en el amo absoluto de Tarapacá, con la colaboración del también inglés Robert Harvey. Con la especulación hecha con los bonos, North viajó a Londres, donde organizó dos sociedades: The Lagunas Nitrate Company y The Lagunas Syndicate Limited, a las cuales transfirió sus inversiones en un capital de 2.122.000 de libras esterlinas. De ese capital solo las 250.000 libras esterlinas que North había solicitado en empréstitos, llegaron a Chile. Las empresas formadas por North en Inglaterra, se adueñaron de la gran mayoría de los yacimientos salitreros de Tarapacá, y la gravitación de su influencia será decisiva en los conflictos que llevarán al país a la guerra civil.
Fuente: www.mav.cl
Encuentro con la historia

La explotación del salitre se efectúa en las oficinas con instalaciones de maquinarias antiguas unas y más modernas otras, que hacen el trabajo más difícil en aquéllas y más fácil en éstas. En las primeras, los obreros trabajan con grandes sacrificios; en algunas faenas en forma casi cruel; en las chancadoras, por ejemplo, rodeados de un polvo asfixiante y cegados, y en los cachuchos con un calor abrazador y sin seguridad para el trabajo; por eso las enfermedades y los accidentes son mayores en ellas. En las segundas, las maquinarias más modernas y perfeccionadas permiten un trabajo más fácil, más descansado, con menos sacrificio y más seguro porque se han subsanado algunas dificultades y peligros. Se ha dicho con razón que el problema obrero en el norte, en cuanto se relaciona con el desgaste de la vida y los accidentes del trabajo, es problema de mecánica e irá disminuyendo con nuevas instalaciones y nuevos sistemas de elaboración.
Los trabajos que ejecutan los obreros en las salitreras pueden dividirse en tres categorias o faenas: las de cateo y extracción del caliche, las de elaboración del salitre y la de talleres auxiliares.
I. Faenas de Cateo y Extracción del Caliche: Se ocupan operarios llamados barreteros, particulares y carreteros.
a. Barreteros: son los obreros que habren las calicheras por medio de barrenos con tiros de pólvora o dinamita, hasta dejar el descubierto el caliche en grandes trozos o colpas. Sele paga a trato por pie de terreno barrenado.
b. Particulares:Son los que extraen los trozos de caliche, los dividen en pedazos más pequeños y los reunen en los acopios. Se les paga a trato, por carretadas, generalmente según la ley del caliche.
c. Carreteros: Son los que cargan las carretas y las llevan al lugar de elaboración del caliche, hasta los chanchos o chancadoras. Trabajan también a tareas. La mitad, más o menos, de los obreros de una oficina se ocupa en estas faenas.
II. Elaboración de Salitre: Aquí trabajan los acendradores, los llaveros, los desripiadores, los canaleros, los arrolladores, los canchadores y los cargadores.
a. Acendradores o chancadores: son los operarios que trabajan en la trituración del caliche con las máquinas acendradoras o chancadoras, y triturado lo llevan en carros a los cachuchos hasta vaciarlos en éstos en las oficinas donde no hay correas que los lleven desde las chancadoras. Trabajan en grupo de seis a ocho operarios y a trato.
b. Llaveros: son los que atienden los cachuchos donde se disuelve el salitre por medio del agua y del calor. Trabajan al día.
c. Canaleros: son los que atienden la conducción del caldo con salitre a las bateas de enfriamiento. Trabajan también al día.
d. Desripiadores: son los que extraen el residuo del caliche, ripios, barro, de los cachuchos terminado cada cocimiento y despues de escurrido el caldo con salitre, y lo llevan al campo de desmonte. Trabajan a trato y en cuadrillas.
e. Arrolladores: son los que amontonan la mitad del salitre cristalizado en cada batea para facilitar su extracción. Trabajan a trato y en cuadrillas.
f. Canchadores: son los que extraen el salitre cristalizado en las bateas y lo llevan a las canchas. Trabajan a trato y en cuadrillas.
g. Cargadores: son los que ensacan y cosen los sacos de salitre en las canchas y lo transportan hasta los carros del ferrocarril. Trabajan a trato en cuadrillas de ocho a diez. Con frecuencia se ocupan en coser sacos. Un treinta por ciento más o menos de los operarios de una oficina se ocupan en estas faenas.
III. Talleres Auxiliares o Maestranzas: Los operarios que trabajan en talleres auxiliares o maestranzas, como fundidores, herreros, carpinteros, etc. Trabajan al día, durante ocho a diez horas.
El trabajo de los barreteros es sacrificado y peligroso, a causa de la preparación de los barrenos y empleo de explosivos; el de los carreteros expuesto a accidentes frecuentes de volcaduras de las carretas, a causa de los malos caminos; el de los chancadores, por el polvo que les impide respirar y les ciega; el de los llaveros, canaleros y desripiadores por el calor que despiden los cachuchos, que pasa de los cincuenta grados y exige operarios de resistencia y vigor especiales, superiores a los de otras faenas; el de los cargadores, por el peso de los sacos y el salitre que les produce irritaciones en la espalda, etc.
Las condiciones de higiene y seguridad para los obreros en las diversas faenas, son, en general, deficientes: los locales en que trabajan carecen de suficiente luz, ventilación y desagues; el polvo en las chancadoras les molesta hasta obligarlos a trabajar con frecuencia con el rostro cubierto por telas o pañuelos de mano, y el calor y el desprendimiento de gases venenosos en los cachuchos a estar casi desnudos, hasta agotarles las fuerzas. Las máquinas, o no están protegidas, o lo están en forma defectuosa, sin aparatos preventivos de accidentes, por lo cual es frecuente la caída de los obreros a los cachuchos con caldo hirviendo. Se ocupan niños en máquinas y calderos con tareas abrumadoras para sus cortos años.
Autor: VALDES TAGLE, Elias
Imprenta Cervantes, Stgo. 1922
jueves, 14 de agosto de 2008
Obreros del salitre

La explotación del salitre
Desde 1850, tanto chilenos como ingleses, inviertieron en las salitreras de Tarapacá, aportando importantes transformaciones técnicas que aumentaron su rentabilidad.
La masacre la escuela Santa Maria de Iquique
La matanza en la Escuela Santa María de Iquique fue una masacre en la que se asesinó a millares de obreros del salitre que estaban en huelga, alojados en una escuela. El presidente de la República de ese entonces, Pedro Montt, ordenó la matanza. Los obreros de las oficinas salitreras de Tarapacá paralizaron sus actividades en las faenas exigiendo mejoras en sus condiciones de vida y laborales. Entre sus peticiones estaba la eliminación del pago con fichas, jornales a tipo de cambio fijo, balanzas para los pesos y medidas para las pulperías, escuelas para los obreros, indemnización y desahucio, entre otras. A este movimiento se sumaron otras oficinas salitreras, entrando en huelga también casi todo el comercio e industria del norte del país. Los trabajadores caminaron marchando hasta la ciudad de Iquique, llegando el 16 de diciembre. Seis mil de los huelguistas acamparon en la Escuela Santa María. A medida que avanzaba la huelga, más y más pamperos se unían a ella, llegándose a estimar que para el 21 de diciembre eran entre 10.000 y 14.000. Reunidos en la Plaza Manuel Montt y la Escuela Santa María, exigían al gobierno que interviniera actuando de mediador con los patrones de las firmas salitreras extranjeras (ingleses) y solucionar sus demandas. El 21 de diciembre, el general Roberto Silva Renard, actuó sobre la escuela Santa María con soldados del regimiento O’Higgins y el apoyo de las ametralladoras del crucero Esmeralda. El 20 de diciembre de 1907 los dirigentes efectuaron una reunión con el intendente Carlos Eastman. Mientras la reunión se efectuaba en la oficina salitrera Buenaventura, un grupo de obreros trataron de abandonar el lugar y fueron acribillados en la línea férrea. 6 obreros murieron y los demás terminaron heridos. El 21 de diciembre de 1907 se efectuaron los funerales de los obreros, e inmediatamente después de concluir las ceremonias se les ordenó a todos los trabajadores que abandonaran las dependencias de la Escuela y sus alrededores y se trasladaran a las casuchas del Club Hípico. Los obreros se negaron, temiendo ser cañoneados por los barcos que apuntaban el camino. Pasaron varios días de negociaciones sin ningún resultado. Las autoridades declararon el Estado de Sitio y las libertades constitucionales fueron suspendidas. Al general Roberto Silva Renard junto al coronel Ledesma se les encomendó desalojar a los trabajadores en huelga. El jefe militar ordenó a los soldados disparar. Producto de esta acción murió un número indeterminado de obreros: Entre 195 y 3.600. Los sobrevivientes fueron llevados a sablazos hasta el local del Club Hípico, y desde allí a la pampa, donde se les impuso un régimen de terror. Quien dio la orden de disparar fue el ministro del Interior Rafael Sotomayor Baeza. De las víctimas fatales, muchos eran obreros peruanos y bolivianos. Fuente: www.nuevaaurora.wordpress.com




